 | | Edson Mororó Moura y Conceição Viana Moura | Al principio, una idea
Podría haber sido en Nueva York, en Malasia, en Moscú, en Londres o en cualquier otro lugar del planeta. Sin embargo, la historia realmente empezó en el patio de una casa, en una ciudad que se llama Belo Jardim, ubicada en Pernambuco (a 185 km de Recife), Brasil. Una ciudad pequeña, que ni siquiera tenía agua corriente. Y allí, en medio de una región agreste de Pernambuco, castigada por la falta de incentivo y donde, irónicamente, sólo había un automóvil, nacieron las baterías Moura. Eso ocurrió en el año 1957.
El comienzo fue más o menos así: el químico industrial Edson Mororó Moura, no bien se graduó en la Universidade Federal de Pernambuco, junto a su esposa, Maria da Conceição Viana Moura, comenzó a trabajar en la fábrica de golosinas Mariola, donde su padre era socio, en Belo Jardim, ciudad donde nació y creció. Con el paso del tiempo, se fue dando cuenta de que la fábrica no le rendiría buenos frutos. Fue cuando un mecánico que trabajaba con su padre le habló sobre una idea. Agripino Farias tenía un libro que explicaba más o menos cómo se hacía una placa de batería. Y entonces surgió la pregunta: ¿Por qué no hacemos baterías?
Y adoptó la idea. Pero Edson se dio cuenta de que era necesario estudiar mucho y que el negocio no era tan simple. Percibió que realmente necesitaba aprender más del tema. Le pidió ayuda a un antiguo profesor, que era director de la Escuela de Química donde había estudiado, quien le consiguió una pasantía en una importante fábrica, en São Paulo. Sin dinero, pero sediento de conocimiento, este joven de Pernambuco viajó en camión rumbo a la región sudeste de Brasil con dos cartas de recomendación en sus manos.
En dicha fábrica, cuando lo entrevistó el director técnico, se dio cuenta de que lo podrían ver como una especie de espía y, por esta razón, a lo mejor, no lo iban a recibir bien. Entonces escribió una carta de agradecimiento a aquella fábrica, pero dijo que no se quedaría. Edson había llevado otra carta de recomendación y fue a la PUC de São Paulo. Allí, conoció a un profesor que le presentó a un hombre que ya había trabajado durante 10 años en una fábrica de baterías. Ese hombre lo llevó a visitar una fábrica que había quebrado y allí Edson pudo contratar a un operario y comprar algunos equipos usados, que sirvieron de base para producir otros equipos capaces de fabricar una batería, aunque muy precaria.
Regresó a Belo Jardim y comenzó el negocio. En sus comienzos, las baterías eran muy débiles, y las ventas se limitaban al interior de Pernambuco, de Paraíba y de Alagoas. Se producía un promedio de 50 baterías al mes. Además, el costo para fabricar las baterías era elevadísimo, y la calidad era mala. La devolución de baterías era alta. Fue cuando Moura decidió presentar un proyecto ante el Banco do Nordeste y Sudene (Superintendencia del Desarrollo del Nordeste de Brasil), con el objetivo de mejorar la fábrica.
La búsqueda de la tecnología. A casi 10 años de su creación, la empresa finalmente obtuvo una financiación del Banco do Nordeste y de Sudene para la construcción de una planta industrial más moderna, con un equipo de calidad para fabricar una buena batería. Pero no era suficiente. Faltaba tecnología. Consiguió una beca en la USAID (United States Agency for International Development) y partió hacia los EE.UU.¸ donde visitó algunas fábricas y obtuvo una noción de los avances tecnológicos de la época. Aprendió bastante. De los Estados Unidos fue a Inglaterra, en el año 1968 aproximadamente, donde conoció la planta de montaje de baterías más grande de la época, Chloride, una de las tecnologías más avanzadas del mundo, con la que logró firmar un contrato de recepción de tecnología muy significativo para el desarrollo de la fábrica.
Crecimiento y distribución. Con el avance tecnológico, Moura empezó a producir baterías de calidad y expandió sus ventas a otras regiones del país. Además, como Chloride tenía acuerdos con algunas plantas de montaje de automóviles, Moura comenzó a producir piezas originales para esas plantas en Brasil. A partir de ese momento, la empresa empezó a actuar en todo el territorio brasileño. Fue cuando surgieron las unidades de distribución, que, al principio, se llamaban depósitos y eran coordinadas por la propia empresa. Con el paso del tiempo, en una nueva gestión, esas unidades se convirtieron en una red y adquirieron una determinada autonomía. Los distribuidores, responsables de las unidades, se hicieron socios y comenzaron a compartir la responsabilidad burocrática y fiscal con Moura.
Gestión por la calidad total. Moura ya disponía de tecnología y distribución, pero todavía faltaba algo. Cuando los hijos y el yerno de Edson (Sergio, Edson, Pedro Ivo y Paulo Salles) ingresaron a la empresa, se dieron cuenta de que Moura necesitaba una gestión empresarial fuerte, que fuera compatible con la capacidad de producción y la dimensión que Moura significaba para Brasil. Entonces, partieron en una misión empresarial hacia Japón, que, en la década de los 80, era considerado el país que más crecía en lo que se refiere a gestión. Allí, aprendieron nuevas técnicas de administración y gestión de empresas y las llevaron a Brasil. Intentaron aplicar lo que aprendieron en la fábrica, pero todo era demasiado oriental. Hacía falta una identidad brasileña. Fue cuando Moura se vinculó a la Fundação Cristiano Otoni, de Belo Horizonte, donde obtuvo excelentes resultados.
Expansión. De ahí en adelante, Moura siempre buscó perfeccionar el funcionamiento de la empresa y la calidad de sus productos, mediante la adquisición de nuevas tecnologías, la realización de asociaciones y la ampliación de su red de distribución a todo Brasil y también a otros países como Inglaterra, Argentina, Puerto Rico, Paraguay, Uruguay y Chile. Y fue así que aquella modesta fábrica de baterías automotrices, fundada en 1957 en el patio de una casa de Belo Jardim, se convirtió en uno de los grandes grupos económicos e industriales brasileños. Actualmente, Moura cuenta con cinco plantas (cuatro en Belo Jardim, estado de Pernambuco, y una en Itapetininga, estado de São Paulo), una oficina central ubicada en Jaboatão dos Guararapes, estado de Pernambuco, una unidad de asistencia a las plantas de montaje en Belo Horizonte, estado de Minas Gerais, y más de 62 unidades de distribución. |